Singular, bella y deliciosa granada

Imagen de Paqui la de la Posá
La granada es una fruta bella, deliciosa y singular que me trae gratos y felices recuerdos de mi infancia y ésta es precisamente la causa que me ha motivado a enviaros esto. Esta hermosísima composición poética de Federico García Lorca me gustaría compartirla con vosotros y está dedicada a la que el poeta califica de luz de vida, hembra de las frutas, claro lucero de la floresta del arroyo enamorado: " Alfredo Mansoni, que era médico, en su obra “ La fruta como alimento y como medicina” (Barcelona, s.a. p.64) estima que el granado procede de África y fue importado a Europa durante las guerras púnicas, circunstancia a la que debe su nombre latino (púnica – granatum). Su denominación más vulgar se debe, indudablemente, a la gran cantidad de granos apiñados que el fruto contiene. Es planta ornamental y sus vistosas flores, inodoras, tienen un sabor áspero, debido a la gran dosis que contiene de ácido tánico y gálico. A esta fruta, el poeta la califica de luz de vida, hembra de las frutas, claro lucero de la floresta del arroyo enamorado. Lo mejor es utilizarla, desgranada, como adorno complementario de una buena ensalada." Fuente consultada: Páginas 18 y 19 del libro: “ La Gastronomía en verso de Enrique Mapelli. Federico García Lorca (1898 - 1936 ) Canción oriental (La Granada) 1920 Es la granada olorosa un cielo cristalizado. (Cada grano es una estrella, cada velo es un ocaso.) Cielo seco y comprimido por la garra de los años. La granada es como un seno viejo y apergaminado, cuyo pezón se hizo estrella para iluminar el campo. Es colmena diminuta con panal ensangrentado, pues con bocas de mujeres sus abejas la formaron. Por eso al estallar, ríe con púrpuras de mil labios... La granada es corazón que late sobre el sembrado, un corazón desdeñoso donde no pican los pájaros, un corazón que por fuera es duro como el humano, pero da al que lo traspasa olor y sangre de mayo. La granada es el tesoro del viejo gnomo del prado, el que habló con niña Rosa en el bosque solitario. Aquel de la blanca barba y del traje colorado. Es el tesoro que aun guardan las verdes hojas del árbol. Arca de piedras preciosas en entraña de oro vago. La espiga es el pan. Es Cristo en vida y muerte cuajado. El olivo es la firmeza de la fuerza y el trabajo. La manzana es lo carnal, fruta esfinge del pecado, gota de siglos que guarda de Satanás el contacto. La naranja es la tristeza del azahar profanado, pues se torna fuego y oro lo que antes fue puro y blanco. Las vides son la lujuria que se cuaja en el verano, de las que la iglesia saca, con bendición, licor santo. Las castañas son la paz del hogar. Cosas de antaño. Crepitar de leños viejos, peregrinos descarriados. La bellota es la serena poesía de lo rancio, y el membrillo de oro débil la limpieza de lo sano. Mas la granada es la sangre, sangre del cielo sagrado, sangre de la tierra herida por la aguja del regato. Sangre del viento que viene del rudo monte arañado. Sangre de la mar tranquila, sangre del dormido lago. La granada es la prehistoria de la sangre que llevamos, la idea de sangre, encerrada en glóbulo duro y agrio, que tiene una vaga forma de corazón y de cráneo. ¡Oh granada abierta!, que eres una llama sobre el árbol, hermana en carne de Venus, risa del huerto oreado. Te cercan las mariposas creyéndote sol parado, y por miedo de quemarse huyen de ti los gusanos. Porque eres luz de la vida, hembra de las frutas. Claro lucero de la floresta del arroyo enamorado. ¡Quién fuera como tú, fruta, todo pasión sobre el campo!